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    Alberto Núñez Feijóo no puede ser presidente de España porque excluye a la gran mayoría de los españoles

    El líder de los populares no reconoce la democracia porque no admite el sistema político que defiende la soberanía del pueblo y el derecho a éste a elegir a sus representantes políticos para que los represente.

    Cuesta creerlo, pero es cierto lo que estamos viendo en el país con el partido Popular y con el representante del Reino de España Felipe VI. El Rey ha propuesto a Alberto Nuñez Feijóo como candidato a la investidura para presidir el Gobierno. Un señor que no tiene los apoyos necesarios para ser investido presidente de los españoles. Las cuentas que arrojaron las elecciones generales dibujan un panorama endiablado de cara a posibles pactos de investidura o para la legislatura, ya que el PP, como partido vencedor, tiene muy difícil conformar una mayoría que permita a Feijóo ser investido presidente. En el bloque de la derecha, el PP puede contar con sus 137 escaños, a los que sumaría 33 de Vox, que sufre un duro desgaste en los comicios, así como un diputado de UPN y otro de Coalición Canaria, puesto que este partido gobierna en Canarias gracias al PP; todos suman 172 escaños, a cuatro de la mayoría absoluta.

    Es verdad que es legítima la propuesta porque así lo manda nuestra Constitución, pero también es cierto y muy importante la seriedad y la responsabilidad política en las Instituciones del Estado. Un señor que se ha apropiado con mentiras de la Constitución, la bandera y que legitima descaradamente a la extrema derecha al tiempo que no reconoce el voto de los ciudadanos de otros partidos políticos. No puede ser de ninguna manera presidente de España.

    No obstante, en la práctica, estos hechos no dejan indiferente a nadie. Y no es para menos. En España, la bandera rojigualda es motivo de controversia constante. La ultra y la extrema derecha que no es la mitad, sino una pequeña parte del país que defiende y promociona su uso con orgullo, mientras que la gran mayoría que es la otra parte, procura evitar e incluso siente un rechazo profundo a este tipo de actitudes nacionalistas patrióticas y de expropiación simbólica que son inconstitucionales. Y que evidentemente hay quien se presta a la indiferencia porque ve en ello que existe una necedad impropia de demócratas y sí de fascistas que se aprovechan de los símbolos y la Constitución para manipular y mentirle a una parte de los españoles.

    El líder de los populares Alberto Núñez Feijóo no reconoce la democracia porque no admite el sistema político que defiende la soberanía del pueblo y el derecho de éste a elegir a sus representantes políticos para que los represente.

    Tanto el PP, Vox, CC, y los tránsfugas UPN, entre otros, forman un bloque nacionalista que divide a los ciudadanos en dos grandes bloques en diferente categoría. El primero: son los españoles que quieren España y son constitucionalistas. El segundo: otros que son inconstitucionalistas y que quieren romper España. Algo que no se lo cree ni ellos por sus contradiciones y el mal hacer de la política que ha sobrepasado la indecencia, la soberbia, la falsedad, la manipulación, la corrupción, el robo y el acoso. Parece que es el tiempo en el que ser de derechas es lo mismo que abrazar el patriotismo, la deslealtad y el españolismo . Sin ir más lejos, el viejo partido ultra del PP no era más que la suma de dos partidos como el nuevo ultra PP con la extrema derecha de Vox.

    Como todos sabemos que estos patriotas de las banderitas defienden la Constitución española cuando les conviene. Sus intereses siempre están normalmente vinculados a la privatización, la corrupción, a sus privilegios y la propiedad.

    El pacto de los populares que ellos llaman estabilidad no es más que un pacto de fracasados y del transfuguismo político de uno de sus socios, aprobado, arreglado y cuadrado mucho antes de las elecciones generales. Por eso vemos esta semana la eufórica pasión y las ansias de poder de estos corruptos sinvergüenzas que quieren gobernar para seguir destruyendo a España. Muestra de ello es la cantidad de cargos públicos del partido Popular encarcelados e imputados por la corrupción en este país.

    La salida de Pablo Casado, diputado y antes líder del PP y la llegada de Alberto Nuñez Feijóo como su reemplazo no ha cambiado absolutamente nada este partido político. Al contrario, ha entrado mucho más fuerte en la competición con la extrema derecha en una guerra de poder ultra que tiene aterrorizada a más de la mitad de la sociedad española.

    El líder gallego del PP que dirige a los populares en España no tiene miedo a la sobreexposición mediática, quizá porque los medios de comunicación afines a su ideología quieren tapar su frustrada aspiración. También se reconoce como políticamente incorrecto, de ahí ideas tan arriesgadas como ésta: “No tengo el total de los apoyos parlamentarios pero me da igual. Me presento con 172, apoyos de cuatro partidos políticos lo que significa una cifra importante para gobernar en solitario» es lo que quiso decir el señor mentiroso Alberto Núñez Feijóo.

    El candidato al gobierno de España y líder de los populares debe exponer ante el Congreso de los Diputados el programa político y el proyecto de país del Gobierno que pretende formar y solicitar la confianza de la Cámara, que se entiende otorgada si consigue el apoyo de la mayoría absoluta de sus miembros. Si no alcanza estos apoyos, será necesario repetir la votación cuarenta y ocho horas después. En este caso, es suficiente con que obtenga la confianza de la mayoría simple de los diputados. Es lo que manda la constitución española.

    Si finalmente tampoco consiguiese la mayoría necesaria para la investidura en esta segunda votación, se establece que se repetirán propuestas sucesivas con el mismo procedimiento. Pasados dos meses desde la primera votación, si ningún candidato obtiene la confianza del Congreso, el rey debe disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones con el refrendo del presidente del Congreso.

    A la mayoría de los españoles no les sorprende nada ni tampoco descubren nada nuevo. A estas alturas cuando se ha visto de todo en la política española y el lado más excluyente e intolerante del patriotismo español. Este asqueroso nacionalismo fascista no puede ser comparable jamás con ningún nacionalismo e independentismo de las nacionalidades españolas. Lo más contradictorio de todo esto es que un partido político como Coalición Canaria que se considera un partido nacionalista apoyé a un nacionalismo patriótico que va en contra de su propia ideología política. Lo que significa que el partido nacionalista canario no es nacionalista es un partido fascista de derechas insularista.

    Aclarando todos los matices políticos de la manipulación y la mentira que tienen engañado a muchas personas en este país. El nacionalismo patriótico español nunca ha dejado de existir desde la época franquista. Se basaba casi siempre en la intolerancia y en el retroceso de valores cívicos, muy compatible en cierto modo con el cosmopolitismo europeísta de muchos países fascistas.

    El patriotismo español tiene su base en la Transición y, más específicamente, en la Constitución de 1978. Que debería reformarse por el bien de la sociedad española. Ese nacionalismo patriótico comparable con muchos países dictatoriales no deja mirar siempre al asqueroso franquismo que nos acecha constantemente.

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